La restauración del claustro del siglo XVII del Convento Madre de Dios, con una inversión de más de 160.000 euros, devuelve al patrimonio histórico de Lucena
El Convento Madre de Dios de los Reverendos Padres Franciscanos de Lucena vivió este domingo un momento de especial significado con la bendición de su claustro tras la conclusión de las obras de restauración, un acto que reunió a la comunidad franciscana, cofradías y representantes institucionales en una Eucaristía de Acción de Gracias presidida por fray Antonio Herrera, guardián del convento, y concelebrada por fray Luis Portal, fray Jesús del Espino y fray José Arenas.



El conjunto conventual, cuyo origen se remonta a 1550 —aunque la iglesia fue fundada en 1558 y reformada en 1620 por el maestro de obras malagueño Francisco de Lucena sobre una antigua ermita medieval—, atesora uno de los patios más singulares de la ciudad: dos cuerpos de arcadas sobre columnas dóricas en el claustro bajo y jónicas en el alto, presididos por una monumental fuente barroca de comienzos del siglo XVII. Un espacio que, con el paso del tiempo, había acumulado graves patologías: humedades, filtraciones en la red de saneamiento, pavimentos deformados y deterioro en los revestimientos que comprometían seriamente su conservación.






ANUNCIO DE GOOGLE A continuación
La intervención, que ha superado una inversión total de 160.000 euros, fue posible gracias a una subvención excepcional de 75.000 euros de la Diputación de Córdoba, complementada con la generosa aportación de empresas, instituciones y fieles que respondieron a la campaña de donaciones impulsada por la propia comunidad franciscana. El alcalde de Lucena, Aurelio Fernández, y el presidente de la Diputación, Salvador Fuentes, visitaron las obras en su recta final, destacando ambos el deber de preservar «una joya del patrimonio lucentino».




La celebración adquirió un significado añadido al producirse en el año previo al VIII Centenario del tránsito de San Francisco de Asís. Entre los presentes se encontraba la cofradía que tiene su sede canónica en este convento, que expresó su gratitud por poder acompañar «una historia viva que sigue latiendo». No se bendijeron solo muros restaurados: se renovó un compromiso colectivo con la memoria y la identidad de Lucena.








