La especialista ofrece en esta entrevista las claves para identificar cuándo la tristeza es normal y cuándo requiere ayuda profesional.
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«No sé qué me pasa, pero no me encuentro bien».
Esta sensación, especialmente común en enero, afecta a más personas de lo que imaginamos. Para arrojar luz sobre este fenómeno, hemos conversado con Ana Carrasco, psicóloga especializada en bienestar emocional, quien nos ayuda a comprender mejor esta emoción y cómo gestionarla.
Según explica Carrasco, sentirse triste sin que haya ocurrido algo grave es más habitual de lo que pensamos. «Las emociones tienen funciones y la tristeza tiene una función que es indicarnos que hay algo en nuestra vida que merece un poquito de atención», señala la experta. Esta emoción nos ayuda a superar el dolor, reorganizar prioridades y reflexionar sobre nuestra vida.
En su consulta, los pacientes suelen describir síntomas como decaimiento, ganas de llorar y falta de motivación. La tarea del psicólogo, según Carrasco, consiste en ayudarles a identificar qué hecho o pensamiento está provocando esa tristeza, por mínimo que sea.
El concepto del «día más triste del año», que se celebra el tercer lunes de enero, fue creado por un psicólogo británico en 2005 mediante una fórmula matemática. Aunque no es literalmente el día más triste, sí marca una época del año especialmente propensa a la melancolía. Factores como el final de las fiestas, el gasto económico, la vuelta a la rutina, la incorporación de nuevos propósitos y el clima invernal confluyen para afectar nuestro estado de ánimo.
Este concepto se ha utilizado ampliamente en campañas publicitarias y movimientos sociales para concienciar sobre la importancia del bienestar emocional.
Carrasco establece una diferenciación clara entre la tristeza normal y aquella que requiere atención profesional. La tristeza se considera dentro de la normalidad si su duración es corta y afecta lo menos posible al día a día. Sin embargo, cuando persiste más de dos semanas y comienza a interferir en el ámbito laboral, doméstico o en las relaciones personales, es momento de preocuparse.
Otros signos de alerta incluyen problemas de sueño, cambios de apetito, dificultades de concentración, aislamiento social, pensamientos negativos recurrentes o conductas autolesivas. En estos casos, acudir al psicólogo es fundamental.
Para quienes atraviesan un momento de bajón emocional, la psicóloga recomienda comenzar por escucharse: «Hay que parar, escucharnos y analizar cómo me siento, qué está pasando, cómo me estoy enfrentando a esa situación».
Validar la emoción y vivirla, en lugar de evitarla, resulta esencial. El llanto funciona como mecanismo natural de desahogo, aunque también son útiles escribir o hablar con alguien de confianza. Otras recomendaciones incluyen pasear por la naturaleza, hacer deporte, escuchar música alegre, ver vídeos graciosos o prepararse la comida favorita.
Carrasco aconseja a sus pacientes elaborar una lista personalizada de actividades que les hacen sentirse bien cuando están tristes, para recurrir a ella en esos momentos. «En estos días de bajón lo que hay que hacer es cuidarnos y mimarnos», enfatiza.
Su mensaje final es claro: los bajones emocionales son indicadores para pararnos, escucharnos y actuar acorde con nuestras necesidades. «Es muy importante escucharnos para saber qué es lo que necesitamos hacer para sentirnos mejor», concluye la especialista.
Acerca de Ana Carrasco
Bajo la firma ANA CARSÁN psicología y coaching, Ana tiene su consulta en la C/Julio Romero de Torres, 17 (2º) de Lucena. Contacto en www.anacarsan.com

