El pasado sábado por la noche, la Caseta Municipal de Lucena se transformó en el epicentro de la diversión más descarada cuando Toreros con Chanclas desplegó todo su arsenal de humor, nostalgia y música ante un público entregado que no dejó de reír y cantar durante toda la velada.
Esta peculiar unión artística nace del encuentro de dos universos paralelos que han marcado la historia del humor musical patrio. Por un lado, Pablo Carbonell, alma mater de Toreros Muertos, ese grupo surgido en plena movida madrileña de 1984 que se atrevió a titular su primer disco «30 años de éxitos» sin haber editado ni una sola canción. Por otro, Pepe Begines, el genio detrás de No me pises que llevo chanclas, quien acuñó el término «agropop» y convirtió las chanclas en todo un símbolo generacional desde 1994.
Ambos artistas, tras períodos de pausa en sus respectivos proyectos, decidieron unir fuerzas creando Toreros con Chanclas, una propuesta que va más allá de la simple suma de talentos para convertirse en una experiencia única donde la música es apenas el pretexto para un espectáculo total.
El concierto arrancó con los primeros acordes de «Agüita agropop», tema que inmediatamente conectó con un público que conocía cada letra, cada gesto y cada guiño. La velada fue un viaje emocional por los grandes éxitos de ambos repertorios, desde la mítica «Mi agüita amarilla» hasta el irreverente «Yo no me llamo Manuel Sánchez», pasando por referencias al famoso canario fallecido que arrancaron carcajadas generalizadas.
El escenario de la Caseta Municipal fue testigo de una química especial entre dos generaciones de público: los nostálgicos de la movida y los seguidores del agropop se fundieron en una sola voz que coreó cada tema con la pasión de quien encuentra en estas canciones mucho más que simple entretenimiento.






