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miércoles, 16 septiembre, 2026
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‘El Ludibrio’: una reflexión sobre la dignidad humana llega a la Sala Azul

 

La artista Irene Hernández inaugura una exposición que aborda el escarnio y la vulnerabilidad, inspirándose desde los campos nazis hasta el acoso cotidiano

La Casa de los Mora acogerá hasta el 1 de marzo una de las propuestas más singulares y profundas que ha pasado por la Sala Azul. «El Ludibrio», de la artista Irene Hernández, plantea una reflexión incómoda pero necesaria: qué ocurre cuando el ser humano se convierte en objeto de burla, en chivo expiatorio.

sala azul expo 2

 

La propuesta de Hernández bebe de fuentes filosóficas y literarias profundas. Durante la presentación, la artista compartió un texto estremecedor del filósofo Alain Finkielkraut sobre Bobby, un perro vagabundo que apareció en un campo de concentración nazi. «Para él era incuestionable que fuimos hombres», relataba el texto. Los prisioneros bautizaron al animal como Bobby, el único ser que les reconocía su humanidad con «alegres ladridos» cada mañana, hasta que las SS lo expulsaron.

Esta anécdota sirve de hilo conductor para entender una exposición que dialoga con Hannah Arendt, Emmanuel Lévinas y el filósofo alemán Gotthold Ephraim Lessing. «El Lager no es solo la negación de la vida, sino también la negación de la muerte», explicaba Hernández citando a estos pensadores. «Nadie muere en Auschwitz. No hay víctimas sino figuras, números».

 

 

Pero «El Ludibrio» no se queda en la reflexión sobre el Holocausto. La artista amplía su mirada a «cualquiera que haya sido víctima de ser convertido en chivo expiatorio, cualquiera que haya sido víctima de escarnio, de bullying o de ludibrio».

La exposición también juega con los límites entre disciplinas artísticas. «Aunque en su mayoría sea obra pictórica y escultórica, me gustaría combatir ese límite y llegar al público de una forma más potente», declaraba la artista, invitando al espectador a «formar parte de esta estética de la recepción».

Francisco Barbancho, concejal de Cultura, destacaba la apuesta continuada del Ayuntamiento por este espacio: «Cada vez veo mayor nivel, pero es que en realidad es así», afirmaba. La Sala Azul, gestionada por la asociación Borococo con el patrocinio de la Fundación Botí, se ha convertido en un referente para artistas emergentes.

Jorge Torres, comisario de la exposición, agradecía el apoyo institucional y subrayaba la diversidad de propuestas: «Pretendemos que la gente no se aburra, que siempre encuentre algo totalmente distinto». Y vaya si lo han conseguido con esta muestra.

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