En plena revalorización de lo hecho a mano, el abanico artesanal vuelve a situarse como una pieza donde tradición y creatividad se encuentran.
La artesana Gema Molina, creadora de Arte Molié, trabaja desde hace años en la elaboración de abanicos pintados a mano y personalizados, y recientemente ha participado en iniciativas en una escuela de Córdoba para acercar este oficio a estudiantes y nuevas generaciones creativas.
Conocemos más sobre Arte Molie en la siguiente entrevista:
Para empezar, Gema, ¿Cómo nace tu vocación por el abanico artesanal y cuándo decides convertirlo en tu proyecto creativo bajo la marca Arte Molie?
Mi vocación es algo que me acompaña casi desde que tengo uso de razón; de hecho, empecé a vender mis creaciones con apenas 14 años.
Sin embargo, Arte Molie nació de una necesidad profunda de profesionalizar mi pasión y de convertir el arte en mi motor de vida. Tras años de producción constante —he llegado a crear más de 18.000 piezas—, decidí que mi trabajo no solo debía ser un objeto de consumo, sino un canal para transmitir emociones y rescatar un oficio que tiene alma propia.
Para quien no esté familiarizado con este oficio, ¿Qué hace especial a un abanico artesanal?
Lo que lo hace especial es que no es solo un objeto funcional, es una obra única con personalidad. Un abanico artesanal lleva consigo el tiempo, el mimo y la historia de quien lo crea. A diferencia de la fabricación masiva, aquí cada trazo es irrepetible; hay un «arte detrás del arte» que convierte a cada pieza en un legado emocional para quien lo recibe.
En tu caso, trabajas con abanicos pintados a mano y personalizados. ¿Cómo es el proceso creativo cuando empiezas una nueva pieza?
Mi proceso se basa en la conexión emocional y la escucha activa. No empiezo a pintar sin antes entender qué quiere sentir el cliente o qué mensaje quiere transmitir. A partir de ahí, documento el proceso —a menudo en vídeo— para que el cliente sea partícipe de la creación. Es una combinación de técnica, color y sentimiento donde busco que el resultado final supere cualquier expectativa.
En los últimos meses has participado en iniciativas vinculadas al proyecto creativo presentado en Córdoba Inspira. ¿Cómo surge tu implicación en estos talleres y qué papel juega el abanico artesanal dentro de esta propuesta?
Surge de mi deseo de que el talento no se quede estancado en el individualismo, integrando además a las nuevas generaciones en la fase de ideación gráfica y el relato visual de una colección autoral. El abanico es la herramienta perfecta para demostrar que la creatividad requiere estructura y disciplina, no solo inspiración.
En el proyecto ‘Córdoba Inspira’, en el que colaboro junto a la EASD Mateo Inurria, el abanico actúa como el ‘proyecto tangible’ donde los estudiantes ven cómo una idea se materializa a través de un sistema de trabajo real. Esto les ayuda a superar la parálisis por análisis —ese momento en el que el exceso de pensamiento detiene la ejecución—, enseñándoles que, al trabajar sobre una pieza física y artesanal, la claridad siempre llega a través de la acción y el orden.


De esa reflexión nace tu propuesta “Alumbra tu arte”. ¿En qué consiste exactamente y cómo se relaciona con tu experiencia como artesana?
«Alumbra tu Arte» es una experiencia inmersiva para conectar con tu subconsciente, desbloqueando tu potencial creativo como persona. Todos somos creativos, pero muchos no nos atrevemos a vivir la vida que queremos.
Nace de mi propia historia: durante mucho tiempo viví en «piloto automático», produciendo sin sentir, hasta que una crisis me obligó a mirar hacia dentro. Este método no enseña a pintar, sino a desbloquear al artista interior mediante cinco fases: Iluminar, Ordenar, Desbloquear, Sostener y Expandir. Relaciono mi experiencia como artesana enseñando a otros que el talento sin estructura se estanca.



Muchas personas redescubren ahora el valor de lo hecho a mano. ¿Por qué crees que el abanico artesanal vuelve a despertar interés en una época tan digital?
Precisamente por la saturación digital. En un mundo de estímulos externos constantes, buscamos algo que nos devuelva a la calma y la autenticidad. El abanico artesanal ofrece esa pausa; es un objeto físico que cuenta una historia real en un mar de productos impersonales. La gente hoy valora lo que tiene «alma» y lo que representa valores reales y humanos.
¿Quién suele interesarse hoy por un abanico artesanal? ¿Son más bien coleccionistas, amantes del arte o personas que buscan piezas especiales para eventos?
Mi perfil de cliente es principalmente una mujer con sensibilidad artística que valora lo auténtico y lo cuidado. Son personas que no quieren regalar «lo de siempre» y buscan piezas con significado para momentos importantes de su vida o para sentirse especiales y originales. No compran un producto, compran la historia y la conexión que hay detrás de él.
Para terminar, ¿Qué te gustaría que sintiera alguien cuando tiene en sus manos uno de tus abanicos artesanales?
Me gustaría que sintieran que tienen en sus manos una emoción tangible. Mi propósito es que, al abrirlo, perciban la exclusividad y el cariño con el que ha sido creado, recordándoles que ellos también son piezas únicas. Que siempre es posible ‘alumbrar’ esa belleza y creatividad que todos poseemos para aportar nuestras propias ideas al mundo.










