La ratificación pontificia de 1851 consolidó cinco siglos de devoción aracelitana y convirtió a la Virgen de Araceli en Patrona Única de Lucena por mandato de la Santa Sede
María Santísima de Araceli ocupa un lugar singular en la historia de Lucena. No solo como referencia religiosa de primer orden, sino como elemento vertebrador de la identidad colectiva de la ciudad desde el siglo XVI. La devoción aracelitana nació con la llegada de la imagen a Lucena en 1562, creció de manera continua durante generaciones y culminó, institucional y canónicamente, el 14 de marzo de 1851, cuando el papa Pío IX firmó el breve apostólico por el que proclamaba a María Santísima de Araceli Patrona Única de la ciudad. En 2026, Lucena conmemoró el 175 aniversario de aquella ratificación con un programa extraordinario de actos organizado conjuntamente por la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli y el Excmo. Ayuntamiento de Lucena.
El origen de la devoción: la llegada de la imagen en 1562
La historia aracelitana tiene un origen preciso y documentado. En la primavera de 1562, don Luis Fernández de Córdoba y Pacheco, segundo marqués de Comares, octavo alcaide de los Donceles y señor de Lucena, trajo desde Roma una imagen de la Virgen para su ciudad. El marqués había quedado prendado de la Madonna di Aracoeli, imagen venerada en la Basílica de Santa María in Aracoeli, erigida sobre el monte Capitolio en Roma y considerada una de las grandes advocaciones marianas de la ciudad eterna. La imagen que encargó tallar a su semejanza llegó al puerto de Alicante el domingo 12 de abril de 1562 y alcanzó Lucena el 27 de ese mismo mes, fecha que recoge el primer vestigio documental: un acta municipal en la que consta el acuerdo de preparar las «caxas de atambores» para «salir a recibir la Imagen de Nuestra Señora de Araceli».
La leyenda fundacional de la devoción se forjó en ese mismo viaje. Al aproximarse a Lucena, las caballerías que portaban la imagen se extraviaron durante una tormenta y aparecieron al día siguiente detenidas en la cumbre de la Sierra de Aras, cobijando la caja con la sagrada imagen. Los lucentinos lo interpretaron como señal de que la Virgen quería permanecer en aquel cerro. Allí, en la cima de la Sierra de Aras, se levantaría con el tiempo el Real Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Araceli, considerado una de las obras cumbres de la arquitectura barroca andaluza y morada permanente de la imagen salvo en el mes de mayo, cuando desciende a Lucena para celebrar sus fiestas.
La advocación Ara Coeli —Altar del Cielo— es la misma que da nombre a la basílica romana, y desde entonces ha quedado ligada de manera indisoluble al santuario lucentino y a la espiritualidad de la ciudad.
La consolidación de la devoción durante los siglos XVII y XVIII
El 20 de abril de 1563 quedó constituida formalmente la Cofradía de Nuestra Señora de Araceli. Desde ese momento se constata la celebración anual de la festividad el primer domingo de mayo, una costumbre que ha llegado ininterrumpida hasta la actualidad. Ya en abril de 1589 se registran las primeras rogativas a la Virgen por causa de sequías, iniciando una relación de intercesión que se repetiría a lo largo de los siglos en numerosas ocasiones.
El 8 de septiembre de 1603 se inauguró el primitivo santuario en la cumbre de la Sierra de Aras, sustituido hacia 1600 por un templo más amplio ante el crecimiento constante de los fieles. En 1613, el papa Paulo V concedió la primera bula de indulgencias a los cofrades de Nuestra Señora de Araceli; privilegios que en 1668 amplió el papa Clemente IX. En 1628 se realizaron las primeras andas de plata, arquetipo de las sucesivas. La capellanía fija del santuario quedó establecida en 1629.
La segunda mitad del siglo XVII trajo al santuario sus grandes obras artísticas. En 1695, el maestro Acisclo Manuel Muñoz, con la colaboración del arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo, diseñó el retablo mayor del Real Santuario, una de las expresiones más relevantes del barroco andaluz. En 1722, Antonio de Ribera ejecutó las yeserías del presbiterio, los arcos torales, la cúpula y las pechinas. En 1773 se amplió el número de hermanos y se estrenó el estandarte que aún hoy se conserva. A finales del siglo XVIII las ordenanzas fueron reelaboradas para mejorar el gobierno del santuario y la delimitación de funciones entre sus distintos responsables.
1792-1851: el camino hacia el Patronazgo Único
El 6 de diciembre de 1792 se inició oficialmente el proceso de proclamación del patronazgo de María Santísima de Araceli sobre Lucena. La propuesta abrió un período de debate en la ciudad: San Jorge gozaba de una devoción popular arraigada y era considerado de manera informal patrón de Lucena. La agitación política y social que vivió España durante la primera mitad del siglo XIX dilató el proceso durante décadas.
Fueron determinantes las gestiones de personalidades como don Fernando Ramírez de Luque y don Antonio Rafael Domínguez Valdecañas, obispo de Guadix y Baza, cuya labor ante la Santa Sede fue allanando el camino hacia la resolución definitiva. El 14 de marzo de 1851, el papa Pío IX firmó el breve apostólico por el que ratificaba el patronazgo de María Santísima de Araceli sobre Lucena y la proclamaba Patrona Única de la ciudad. La comunicación del breve al obispo de Córdoba, don Manuel Joaquín Tarancón y Morón, y su traslado oficial a la ciudad dieron lugar a solemnes funciones de acción de gracias. El conflicto con la devoción a San Jorge quedaba definitivamente zanjado por la autoridad pontificia.
Ese acto de 1851 no fue un punto de partida, sino la culminación institucional de casi tres siglos de devoción viva. Venía a certificar lo que Lucena ya era: una ciudad mariana.
Los grandes hitos del siglo XX: coronación, patronazgo del campo y alcaldía perpetua
El siglo XX añadió nuevos hitos a la historia aracelitana. Las iniciativas para lograr la Coronación Canónica de la imagen arrancaron hacia 1909, impulsadas en parte por las coronaciones que se celebraban en otras diócesis andaluzas. En 1922 se constituyó una comisión organizadora y en 1931 el orfebre sevillano Cayetano González terminó las coronas. Los convulsos años siguientes retrasaron la ceremonia hasta que, el 7 de marzo de 1947, el papa Pío XII concedió la gracia de la coronación.
El 2 de mayo de 1948, con presidencia del cardenal Pedro Segura y Sáenz, arzobispo de Sevilla, y con la asistencia de los obispos de Córdoba, Cádiz, Jaén y Granada, tuvo lugar en Lucena la Coronación Canónica y Pontificia de María Santísima de Araceli. Fue la primera coronación de este rango celebrada en toda la diócesis y provincia de Córdoba, en una mañana lluviosa que quedó grabada en la memoria colectiva de la ciudad.
En 1954, el obispo de Córdoba fray Albino González proclamó a la Virgen de Araceli Patrona del Campo Andaluz, reconocimiento que amplió su devoción más allá del ámbito local y que cuenta en la actualidad con expediente de oficialización ante la Santa Sede. En 1955, la imagen fue nombrada Alcaldesa Perpetua de Lucena, distinción civil que complementó el reconocimiento religioso y que subraya el lugar central de la Patrona en la vida pública de la ciudad.
Los años jubilares de 1962 —IV Centenario de la llegada de la imagen— y de 2012 —450 aniversario— marcaron celebraciones de especial intensidad religiosa y cultural, con peregrinaciones masivas, actos litúrgicos extraordinarios y proyectos vinculados al espíritu jubilar. En el Año Jubilar de 2012, la Archicofradía impulsó un proyecto solidario ligado a la diócesis de Córdoba en Perú como expresión de compromiso cristiano más allá de las fronteras locales.
2026: el 175 aniversario del Patronazgo
En 2026, Lucena conmemoró el 175 aniversario de la ratificación pontificia del Patronazgo con un programa de actos extraordinarios que la Real Archicofradía y el Ayuntamiento articularon a lo largo de varios meses. Los actos arrancaron el 19 de abril con la Romería de Bajada, en la que la imagen concluyó su descenso en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen —templo que no la acogía desde 1998—, permaneciendo allí hasta el 24 de abril antes de ser trasladada solemnemente a la Parroquia de San Mateo Apóstol.
Las Fiestas Aracelitanas 2026, declaradas de Interés Turístico Nacional, tuvieron sus días centrales del 1 al 4 de mayo. El Pregón de las Glorias fue pronunciado por don José Luis Roldán del Valle. La Aracelitana Mayor del año fue Carmen Alba Delgado. El Día de la Virgen, 3 de mayo, la Solemne Función Religiosa estuvo presidida por el obispo de la diócesis de Córdoba, monseñor Jesús Fernández González, con la Coral Lucentina y la orquesta del Conservatorio Profesional de Música Maestro Chicano Muñoz interpretando la Misa del Campo Andaluz de don Antonio Villa Álvarez de Sotomayor. El acto fue retransmitido en directo por VTV y 13TV.
Entre los actos de mayor significado simbólico del aniversario figuró la Santa Misa Extraordinaria de Consagración y Renovación del Patronazgo, celebrada el 16 de mayo en San Mateo y presidida por el obispo emérito de la diócesis de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández González. El 29 de mayo, el investigador don Francisco López Salamanca impartió en la Casa Museo de la Virgen de Araceli la conferencia «La Ratificación del Patronazgo de María Santísima de Araceli sobre Lucena». El ciclo culminó el 30 de mayo con una Procesión Extraordinaria en la que la imagen fue portada por los hermanos de la Archicofradía, y el 14 de junio con la Romería de Subida al Santuario de la Sierra de Aras.
María Santísima de Araceli, Patrona de Lucena y del Campo Andaluz, Alcaldesa Perpetua de la ciudad, continúa siendo uno de los grandes ejes de la identidad lucentina: un vínculo de fe, historia y memoria compartida que, desde 1562, ninguna generación ha dejado de renovar.













