Guía de los mejores lugares y momentos para ver la Semana Santa de Lucena
Entre el aroma del azahar y el eco de los tambores, cada rincón de la ciudad de Lucena se convierte en un escenario único que merece ser vivido —y no solo visto— al menos una vez en la vida.
Domingo de Ramos: el arranque más fotogénico
La Semana Santa lucentina abre con una imagen que se queda grabada: la Pollina del Carmen bajando la cuesta con el imponente campanario de la parroquia a sus espaldas. Un encuadre que cualquier fotógrafo guardaría con orgullo.

Le sigue Ntro. Padre Jesús en su Entrada Triunfal a Jerusalén, conocida popularmente como La Pollinita, una de las procesiones que más público congrega en su salida, destaca el colorido de sus hermanos —túnica blanca y capirucho rojo— y a la presencia de los más pequeños de la Hermandad de Tambores de Lucena.

La cofradía del Cristo Orando en el Huerto ofrece una de las estampas más llamativas del día: una marea verde de capiruchos que llena las calles. El Llanete de la Estrella, justo después de su salida, es el punto perfecto para disfrutarla.

Ya al anochecer, la Hermandad del Sagrado Encuentro recorre el Paseo del Coso con el Castillo del Moral de fondo, acompañada por los acordes de la Capilla Musical Art Sacra. Un detalle que eleva la experiencia a otro nivel.

Lunes Santo: historia y franciscanos en la calle
La Cofradía Franciscana de Pasión, con sede en el Convento de los RRPP Franciscanos, Iglesia Madre de Dios, añade un componente histórico y visual extraordinario: los propios Reverendos Padres Franciscanos acompañan el cortejo desde su convento anexo. Entre sus titulares destacan Jesús Cautivo de Medinaceli, la Virgen de la Piedra y la Virgen de Pasión y Ánimas. El Llanete de San Francisco es el lugar ideal para verlos pasar.

Martes Santo: mantillas y emoción en la Cuesta del Tomate
La Archicofradía del Carmen protagoniza uno de los momentos más bonitos de la semana. Verla ascender la Cuesta del Castillo —conocida popularmente como la Cuesta del Tomate— precedida por decenas de mantillas y con los tonos marrón carmelita de sus hermanos, es una estampa de una belleza pausada y poderosa.

También este día desfila la Cofradía de la Humillación y Servitas desde San Mateo Apóstol. El punto álgido: la Cuesta del Reloj, donde los santeros suben sin detenerse al ritmo del tambor para girar hacia la Plaza Nueva.
A continuación sale Cristo del Amor, Campanitas, con tres pasos procesionales y una incorporación reciente que ya genera expectación: los dos romanos sayones y caballo en el trono del Cristo de la Crucifixión. El Pasaje del Cristo del Amor, con el Castillo al fondo, es el mejor lugar para verlos.

Miércoles Santo: cara a cara en la Plaza Nueva
Por la tarde, la Cofradía del Cristo del Valle y María Santísima de la Amargura realiza un recorrido singular: parte de su barrio y llega al corazón de la ciudad. El momento cumbre tiene lugar en la Plaza Nueva, donde los dos tronos se colocan frente a frente y se mecen el uno hacia el otro. Un ritual propio de la santería lucentina que resulta absolutamente hipnótico para quien lo presencia por primera vez.

La Madrugá del Miércoles: silencio absoluto
A las doce en punto de la noche, el Cristo del Silencio sale de San Mateo. Las calles se apagan. Los hermanos forman una hilera de velas y tambores que impone el mutismo al más hablador. Cuando la imagen aparece en la puerta del templo y su sombra se proyecta sobre la fachada, acompañada del toque del silencio, se produce uno de esos momentos que no se explican: simplemente se sienten. Procesiona durante tres horas en la madrugada, y la intensidad no decae en ningún momento del recorrido.

Jueves Santo: el día grande
La mañana arranca con la Cofradía del Cristo de la Caridad, obra del escultor lucentino Francisco Javier del Espino. Pese a ser una cofradía joven, logra crear un ambiente extraordinario, especialmente en su paso por la Calle del Peso.

Por la tarde, hasta cuatro cofradías hacen su estación de penitencia, convirtiendo el Jueves Santo en el día de mayor densidad procesional de la semana.
La Cofradía de la Santa Fe presenta una propuesta narrativa, tres escenas bíblicas que se suceden en procesión —la Virgen de la Santa Fe con los ojos vendados, el Lavatorio y Jesús Preso con su túnica—, construyendo un relato visual completo.

Pero si hay una salida que paraliza Lucena, esa es la de Ntro. Padre Jesús de la Columna. La expectación se acumula horas antes en el Llanete. Su forma de santear —con los llamados pingos— es única en Andalucía y ha ganado admiradores mucho más allá de las fronteras de la provincia. Una salida que, quien la ha visto una vez, repite cada año.

Justo después, el Cristo Caído ofrece una talla de pequeño formato pero de una precisión y delicadeza que detiene a cualquier entendido. La Calle Flores, a la altura de la escultura del Santero, es el punto desde el que mejor se aprecia.

Cerrando la tarde del Jueves, la Cofradía del Cristo de la Sangre, una de las más antiguas de Lucena, recorre la ciudad con un gran número de hermanos. La subida por la Calle Alcaide hasta la Cuesta del Reloj es uno de los tramos más cinematográficos de toda la Semana Santa.

Viernes Santo: de la madrugada a la tarde
El Viernes arranca antes del amanecer con la Hermandad de Tambores recorriendo las calles para anunciar la salida de la Archicofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno. Cinco pasos desfilan desde las seis de la mañana: Jesús Nazareno, la Verónica, la Magdalena, San Juan, Ntra. Sra. del Socorro y la Santa Cruz.
Tres momentos de esta procesión son imprescindibles: la salida en la madrugada, el Miserere a las nueve en la Plaza Nueva y la Bendición en el Paseo del Coso. Junto con la patrona la Virgen de Araceli, es una de las cofradías de mayor arraigo y devoción en la ciudad.

Por la tarde, la Archicofradía regresa a las calles pero con el Santo Entierro, cuyo paso procesional —de santeria singular— genera siempre la curiosidad de los visitantes que lo ven por primera vez.

Sábado de Gloria: el centenar de mantillas
La noche del Sábado pertenece a la Procesión de Ntra. Sra. de la Soledad. Antigua, serena y multitudinaria, destaca por la presencia de más de un centenar de mantillas en cada edición. El momento más especial: la saeta que le cantan desde los balcones de la Plaza de Santiago Apóstol, con la imagen en la calle y el silencio de la noche como único escenario.

Domingo de Resurrección: el broche de oro
La semana concluye con la Cofradía del Cristo Resucitado y María Stma. de los Ángeles. Desde 2025, estrena imagen titular —obra también de Francisco Javier López del Espino— tras ser imposible restaurar la anterior. Una renovación que ha dado un nuevo impulso a esta procesión matutina. El mejor lugar para verla: la esquina del Círculo Lucentino con la entrada a la Calle Julio Romero de Torres, donde la luz de la mañana y la alegría del momento crean el cierre perfecto para una semana sin igual.

La música: el alma que mueve los pasos
Una Semana Santa no se entiende sin su sonido, y Lucena lo sabe bien. Dos bandas locales forman la columna vertebral musical de sus procesiones: la Banda Didáctico Musical de Lucena y la Agrupación Musical de la Humillación y Servitas, dos referencias dentro de la música procesional que año tras año elevan el nivel de cada cortejo.
Pero el repertorio no acaba ahí. Las distintas cofradías invitan a participar a bandas de fuera que convierten cada salida en un acontecimiento en sí mismo: desde las impresionantes centurias de romanos con su marcialidad característica, hasta las bandas más aclamadas de Sevilla, cuya sola presencia genera expectación entre los aficionados más exigentes.
Y cuando la música se detiene, hablan los balcones. En los puntos más emblemáticos del recorrido, los saeteros lucentinos y foráneos lanzan sus coplas al aire con una intensidad que detiene el paso y eriza la piel. Un diálogo entre la calle y las alturas que forma parte del alma de esta Semana Santa.
Además todo esto no estaría completo sin el toque del Tambor y del Torralbo, tan característicos y peculiares de Lucena.





