El Debate del Estado de la Ciudad celebrado ayer por la noche en el salón de plenos del Ayuntamiento de Lucena dejó clara una realidad incómoda: mientras el equipo de gobierno del Partido Popular se defiende de las críticas argumentando logros y cambios estructurales, los grupos de la oposición coinciden en señalar deficiencias que los vecinos perciben en el día a día.
Y lo más preocupante no es que existan discrepancias, sino que esa confrontación política de alcance nacional y autonómico está impidiendo que Lucena avance en lo que realmente importa: resolver los problemas locales que afectan a la calidad de vida de sus ciudadanos.
El Partido Popular llegó al gobierno municipal con un discurso claro de cambio. Limpieza viaria, solución al tráfico y aparcamiento en la avenida del Parque, y una gestión cercana a la ciudadanía fueron banderas de campaña. Sin embargo, lo que ayer se hizo evidente es que el equipo de gobierno no está dispuesto a aceptar que en estos aspectos concretos no se han conseguido todavía.
La subida del precio del parking a dos euros la primera hora es un claro ejemplo. Mientras los grupos de la oposición la señalan como un retroceso para la ciudadanía, el equipo de gobierno evita enfrentarse directamente a esta realidad. La limpieza viaria, que fue presentada como un pilar de la transformación municipal, sigue siendo objeto de queja generalizada entre vecinos y grupos políticos. Y el tema del tráfico en la avenida del Parque, convertida mediante rotondas provisionales en algo que describieron como un «videojuego», sigue siendo una asignatura pendiente.
Hay asuntos en los que la complejidad es tal que merecen ser tratados sin ánimo partidista. La canalización de las aguas de Zambra, el soterramiento de la línea eléctrica para el futuro hospital, la subestación eléctrica… estos proyectos no son sencillos ni administrativamente ni técnicamente, y no lo han sido para ninguna de las administraciones que los han intentado resolver.
Es justo reconocer que el Partido Popular lleva apenas dos años y medio gobernando, y que algunos de estos problemas vienen de atrás. Pero también es cierto que el equipo de gobierno debería asumir que, más allá de culpar al ejecutivo anterior, es responsabilidad suya buscar soluciones reales. Especialmente en el caso del hospital, donde la ciudad lleva esperando décadas. No se puede estar a la defensiva constantemente cuando se trata de un proyecto estratégico para el futuro de Lucena.
El caso del hospital merece atención especial. Tanto el PSOE como Izquierda Unida politizaron excesivamente el debate, culpando al alcalde Aurelio Fernández de falta de liderazgo. Pero la realidad es más matizada: aunque el Partido Popular a nivel municipal solo lleva dos años en el poder, es el PP a nivel autonómico quien controla la Junta de Andalucía y, por tanto, quien tiene capacidad de decisión sobre este proyecto. El alcalde de Lucena está, literalmente, a medio camino entre las exigencias de su ciudad y las prioridades de su partido.
Dicho esto, también hay que añadir: el Partido Popular pasa demasiado tiempo atacando al PSOE por los 24 años que gobernó anteriormente. Sí, el anterior gobierno socialista no construyó el hospital, pero sí avanzó en aspectos fundamentales del proyecto. La confrontación permanente con la herencia del PSOE, especialmente cuando se trata de criticar su gestión en contextos nacionales convulsos por corrupción en el entorno de Pedro Sánchez, distrae de lo que debería ser el verdadero foco: resolver los problemas de Lucena ahora.
En este debate de la ciudad, destaca la intervención del grupo Ciudadanos X Lucena. Sin renunciar a la crítica, este grupo supo identificar problemas reales —fiscalidad, seguridad, limpieza, movilidad— con un tono constructivo y sin la carga ideológica que caracteriza el debate entre PP y PSOE. Esa es la posición que merece más respaldo: la de quien quiere sumar, pero exige que se le escuche y que haya diálogo real, no defensivas automáticas.
Los grupos minoritarios, VOX e Izquierda Unida, ocuparon espacio en el debate con intervenciones que, aunque señalaban problemas reales, no ofrecían soluciones concretas. Izquierda Unida centró su discurso en la «externalización» de servicios y el «desmantelamiento» del ayuntamiento, utilizando un lenguaje que pinta una ciudad en situación catastrófica, muy alejada de la realidad que perciben la mayoría de vecinos. Por su parte, VOX enumeró problemas legítimos —seguridad, limpieza, infraestructuras— pero su intervención se quedó en genéricos sin propuestas diferenciadas del resto de grupos. En cuanto al concejal no adscrito, Francisco de Mora, excuso su ausencia por temas de salud.
Finalmente, vale la pena mencionar que el equipo de gobierno presumió repetidas veces de acercamiento ciudadano mediante su programa «Díselo a tu Alcalde». De primera mano, ponemos en conocimiento de la ciudadanía, que no todos los vecinos han encontrado ese momento de acercamiento con el equipo municipal, citando un caso cercano «Hace tres meses que vecinos de la calle Puente Genil presentaron un escrito formalmente quejándose por la mala ejecución de las obras de esa vía. La obra está a punto de terminar y esa treintena de vecinos sigue sin recibir respuesta.»
Conclusión: Lucena necesita menos confrontación, más soluciones
Los vecinos no necesitan que sus representantes pasen tiempo culpándose mutuamente por lo que pasó hace años. Necesitan que se arregle la calle donde viven, que el parking no sea más caro, que la limpieza sea digna, y que el hospital deje de ser una promesa para convertirse en realidad. Hasta que eso no sea la prioridad, los debates del estado de la ciudad seguirán siendo catarsis política sin sustancia.








